Fluir de cambios y conciencia individual

Estos días de pandemia que estamos viviendo a nivel mundial he tratado de sentarme a escribir en varias ocasiones, pero no he conseguido darle al botón de “publicar”. Dejé el mismo post que empecé, abierto, tratando de acabarlo o de arreglarlo sin llegar a una conclusión. Cada día que lo intentaba veía cómo mi perspectiva sobre lo que pretendía criticar cambiaba, casi tan rápidamente como las noticias.

Ahora bien, este dichoso virus está por conocer, como todos sabemos, y prácticamente ningún país estaba preparado para enfrentarse a esta situación. Es todo nuevo y desconocido. Por eso mismo, se están produciendo estos cambios constantes en la información y por ende, en las medidas a llevar a cabo. Sinceramente digo que no entiendo el desconcierto generalizado o la molestia que genera este fluir de cambios. Si cada día sabemos un poquito más, deberíamos celebrarlo.

Si hay algo en lo que siento, veo y creo que seguimos fallando es en la conciencia individual de cada uno. Y me explico, y esto es lo que me trae de cabeza desde el principio de la cuarentena.
Aunque sabemos que no deberíamos hacer una serie de cosas, como son los desplazamientos innecesarios, o las reuniones de personas o, claro-y-en-botella, el no no quedarnos en casa, seguimos buscando esa laguna jurídica que nos permita hacer lo que a nosotros en el fondo más nos de la gana. Así es, ¿o no?.

Esto me disgusta, me entristece y me enfada. Y me quedo sin más que decir, porque aunque ahora intentara defender algunas posturas volvería a dejar este post sin terminar.

Allá cada uno con su conciencia.