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Los lunes me cuestan

Y quien diga lo contrario probablemente miente. ¿O acaso hay seres humanos a los que los lunes no les cueste empezar la semana?


Segundo café, me olvido de ventilar y sin querer me encuentro de nuevo en horizontal. Maldiciendo que ya sean las 10 de la mañana y que no me haya ni siquiera barrido las legañas.

Quien dice segundo café, dice segundo desayuno

La incertidumbre, el miedo, la impaciencia, el invierno, el confinamiento, la soledad, la incomprensión, el aburrimiento, la desgana, la distancia. Se acentúan los sentimientos a tanto que se prolonga esta situación en la que nos vemos envueltos.


No veo demasiado las noticias ya, ni las de Chile, ni de España, ni de Alemania, ni de ningún lado. Todo es demasiado incongruente. Ya no se a quién escuchar, o a quién creer. Sin embargo, ayer me topé con este documental de las noticias españolas en el que relataban la situación actual de Chile. Cómo la pandemia había hecho que toda la revolución que comenzó en octubre se haya frenado. Aunque esta sigue ahí, latente, esperando, probablemente a la primera oportunidad que se presente, para volver a salir a las calles y que vuelva a reinar el caos.

Sin duda me removió por dentro. A pesar de que no había nada de lo que no hubiera visto ya, me hizo darme cuenta de la importancia y la gravedad de todo lo que había pasado y que pasará.

Si bien entiendo y puedo ponerme en el lugar de los chilenos, también me parece que se llegó a unos extremos descontrolados. La delincuencia, el vandalismo, los destrozos, los incendios… Todo eso me asusta. Me da miedo. No se cómo poner en palabras todo lo que siento cuando veo esas imágenes. Y tampoco se cómo plantearme estos dos años que aún tenemos por delante viviendo aquí.

Hoy estoy, como muchos otros días, desmotivada para llevar a cabo, prácticamente, cualquier cosa. Dentro de lo malo, aunque no me sienta plena, ni especialmente feliz, ni tenga a menudo ni pajolera idea de lo que estoy haciendo con mi vida, no estoy tan mal. Y se que mis condiciones podrían ser aún mucho peores. Es por eso que hoy me he dicho, bueno, te sientes mal, escribe sobre ello. Así que aquí estoy. Quizás algún día miraré atrás y veré estos tiempos como una experiencia más, una etapa, un aprendizaje que me hará quizás quedarme con que no todo tiempo pasado fue mejor y que en todo lo malo de veras, siempre hay algo bueno.

Los lunes me cuestan.

Vivir una pandemia y comprarse plantas

Ya que estoy un poco lejos de todos y que lo que más me apetece es comunicarme y transmitir un poco de lo que es nuestra vida aquí en el hemisferio sur…

Estamos viviendo unos momentos duros y raros como humanidad. Cada país del mundo está llevando el camino que más oportuno le parece. Todos estamos nerviosos, preocupados, alterados. Nos cuentan un cuento y al poco rato, el cuento cambia. Ya no sabemos qué pensar…

Qué importa qué día sea. Digamos que no me apetece demasiado ni ordenar el armario, ni hacer yoga (más pilates), ni alimentar el desenfreno de la limpieza y la desinfección. Digamos que no me está afectando tanto la situación. Digamos que tranquilamente dejo pasar los días. Un día más, un día menos.


Me gusta observar a la gente, entenderla, ponerme en su lugar. Mi profesión me ha enseñado a eso, y a otras muchísimas cosas. Si te pones en el lugar del otro, cambias. Reflexionas sobre ti mismo, tu punto de vista se da la vuelta y empiezas a valorar y a agradecer. Compartir implica mucho.

Ya que estoy un poco lejos de todos y que lo que más me apetece es comunicarme y transmitir un poco de lo que es nuestra vida aquí en el hemisferio sur, me dispongo a enseñar a mis pequeñas nuevas amigas. Las plantas. Estoy convencida de que igual que un animal de compañía lo es, o el ejercicio, o la lectura… las plantas también ejercen un efecto positivo en nuestra salud. Últimamente hemos añadido varias a la colección.

Y es que en estos días tan encerrados, entretenernos en vital. Me replanteo el tiempo que debería dedicarle a informarme, ¿vosotros no? Uno podría pasarse el día entero viendo noticias. Y al final acabamos enfadados al darnos cuenta de que nos están engañando constantemente.
Bulo aquí, bulo allá, qué difícil distinguir a veces. Aunque algunas de las cosas que se comparten son auténticas estupideces. Sin embargo, sigue habiendo personas que no se paran a pensar. Ay. ¡Qué desesperación! Ni que yo fuera una sabelotodo, pero al razonamiento lógico y al sentido común los hemos puesto también en cuarentena.

Que me voy por las ramas… Si os apetece compraros una planta (y hay alguna tienda de plantas abierta pronto) y darle amor en forma de miradas, os recomiendo unas tantas cuantas. Son casi todas de fácil cuidado y mantenimiento. (Las difíciles ya no están entre nosotros). Lo más importante que hay que tener en cuenta es que es mejor regar de menos, que de más. No seamos #plantkillers y démosles a cada una de ellas lo que necesitan o un poco menos. Se salva antes a una planta por defecto que por exceso de agua. Otra cosa que he aprendido es que a menudo, si después de regar les retiramos el agua sobrante que dejan en el plato, contribuímos a no encharcarlas y a que las raíces no se pudran. A no matarlas, vamos.

Cuando buscas informaciones en unos sitios te dicen, riega 1 vez a la semana, en otros, cada 2… En unos que si sol directo o luz indirecta… No queda claro. Pero dedicarles unos instantes diarios en los que mirarlas y observar cómo se comportan sus hojas nos puede ayudar más que los tipps de cuidados de tropecientas páginas en internet. Si empiezan a perder hojas, o éstas cambian de color, nuestra planta está diciéndonos algo.

No pretendo aburriros contándoos cómo cuidar exactamente cada planta, pero sí una pequeña introducción y una serie de datos curiosos que me parecen, de verdad, divertidos (valdrá la redundancia a continuación). Empezando por sus nombres.

  • Ficus lyrata

Absolutamente de moda, esta planta puede crecer muchísimo, de hecho ya lo ha hecho bastante desde que la tenemos. De 3 hojas ha pasado a 11 en aproximadamente medio año, queremos mudarla a un macetero más grande. Mirad que mona es. Es muy gratificante ver cada nueva hoja crecer. Casi tan gratificante como hacer un tic en un tarea finalizada.

Ficus lyrata

  • Ficus elástica

O gomero. Lo vemos a menudo tanto en España, como en Chile simplemente al pasear por las calles. Es de origen tropical, así que soporta altas temperaturas y poco riego, le gusta la humedad y el agua pulverizada en sus hojas, así como limpiárselas de vez en cuando. Es feliz al sol. Se ha hecho muy grande también en unos meses.

Ficus elástica

  • Pilea piperomioides

De estas tenemos dos. Se les llama árbol del dinero chino o peperomia cucharita. Parece ser que fue introducida en Europa por un señor que la llevaba en su equipaje por el 1946. Nosotros nos referimos a ellas como cucharitas, aunque también me parece divertido que se les llame pancakes. Abunda en Instagram, y se ha convertido en una forma de representación del minimalismo en cada vez más viviendas.

Pilea piperomioides

  • Plectranthus ciliatus

O dólar negro, también una llamada planta del dinero. Su nombre científico es también divertido de pronunciar. Trepadora, aunque no tanto como otra que aparece un poco más abajo. Es más bien tapizante, se extiende en horizontal más que en vertical. La verdad es que aún no tengo claro cuánta cantidad de luz quiere, pero sí es cierto que pierde hojas de vez en cuando. Florece muy frondosamente. Es muy agradable de observar. Ahora están creciendo hojitas nuevas de dónde antes cayeron otras. Cuando las florecitas se caen al suelo, se las devuelvo a la tierra.

También se dice, que cuando una planta florece, ésta pierde mucha energía en generar las flores. Es quizás por eso que, aunque las flores se vieron preciosas, la planta en sí quedó un poco ¿”cansada”?.

Plectranthus ciliatus

  • Schefflera Arboricola

Es la imagen de mi actual fondo de cabecera de este blog. A ésta nos referimos como paraguas, aunque a esta referencia se le atribuye a otra especie de esta familia que es la Schefflera actinophylla por su forma semejante a un parasol. Aún así, esta también me recuerda a un paraguas igualmente y me divierte referirme a ella así. Puede crecer aún más y no necesita mucha agua. Sólo luz. También puede vivir feliz en un balcón. Es muy vistosa. Originaria también de China. Pulverizarla también es un método de entretenimiento.

Schefflera Arboricola

  • Monstera deliciosa

Bueno, qué decir de esta planta que ya estaba de moda hace años y que ahora ha vuelto también a formar parte de todos nuestros feeds. De ella se habla especialmente todos los lunes, tiene su propio hastag #MonsteraMonday y es que es también fácil de cuidar y ¡es tan atractiva con esas hojas tan peculiares! Cuando la compramos la pusimos de espaldas a la luz para que cambiara su posición y se abriera, ¡fue increíble observar su capacidad de movimiento de un día para otro! Tropical.

Izquierda: Schefflera arboricola
Derecha: Monstera deliciosa

  • Hypoestes

Éstas son sin duda las más vistosas de todas. Necesitan estar siempre húmedas y también les gusta que les pulvericen agua. Existe otra variedad de color rojo que me parece preciosa. Parece ser que provienen de Sudáfrica, Asia y Madagascar. No luz directa. Regar desde el plato.

Hypoestes

  • Yuca, palo de agua o tronco de brasil
Yuca

Según el Feng Shui esta planta atrae la buena suerte y es costumbre regalarla en mudanzas, bodas o en nuevos acontecimientos que tienen lugar en nuestras vidas. Soporta muy bien la sequía y es fácil ahogarla regándola excesivamente. Tropical, así que, sí, pulverizaciones. Pero sol directo no, sorprendentemente.


  • Pothus o poto
Pothus

En Latinoamérica al poto se le dice al culo, pero en España es común escuchar utilizar el nombre de poto para referirse a esta planta taaaan fácil de cuidar. Epipremnum aureum es su nombre científico. La primera vez que me escucharon decir, “¡Mira un poto!” se quedaron muy desconcertados. Las hay también, como muchas otras de diferentes variedades, con matices más verdes claros muy bonitos a la vista. La característica principal es su capacidad de trepar, de colgarse o enredarse.

Poco riego, no mucha luz, paciencia y voilà!


  • Crassula ovata

Es un tipo de suculenta. Es conocida como árbol de Jade. Poco riego, no luz directa. También es feliz en el exterior. Su origen también es asiático. Se puede llegar a hacer enorme. Veremos…

Crassula ovata

Y esto es todo…

Ah no, ¡la última!

  • Dieffenbachia seguine

La verdad es que últimamente la familia de plantas ha aumentado considerablemente. Después recordé que esta planta ya la tuve anteriormente en Alemania, y creo que la debí regar demasiado. Además de que no tenía plato para poder drenar el agua sobrante. Le gusta estar húmeda pero sin encharcamiento, cómo a casi todas las plantas. Al parecer, es una planta muy venenosa para humanos y animales. Nada de comérsela.


Hay plantas que son adecuadas para el dormitorio, ya que desprenden su oxígeno durante la noche. Y también las hay a las que les gusta vivir en el baño. No he llegado a tanto, pero seguro que pronto subo de nivel.

Otras, en general, son más difíciles de cuidar. Desgraciadamente, sin yo saberlo por aquel entonces, he contribuído a encharcarlas y ya no se encuentran en mi salón. Me refiero a estas dos:

  • Senecio Rowleyanus

O planta del rosario. Yo los llamo guisantes, o en Chile, arvejas. Cuando esta planta crece tiene un aspecto muy bonito y llamativo. Sino poned en instagram el hastag #seneciorowleyanus y ya me contáis. Qué pena oye, con lo bien que se veía al comprarla, incluso había florecido. Quizás en algún momento volvamos a darle una oportunidad.


  • Peperomia caperata

Sin duda, la que el nombre más gracioso tiene. Originaria de Brasil. Preciosa, de la misma familia que de la cucharita, las peperomias. También llamada cáscara de nuez, o cola de ratón por las flores que con esta forma de ella crecen. Os invito también a buscarla por su #hastag #peperomiacaperata

Cómo dato o reflexión al margen, ¿qué piensan ahora todas esas personas que al principio nos llamaban creadores de pánico? Que se enfadaban con nosotros porque les alertábamos del peligro, ese peligro que ellos no veían o que no querían ver. Nos ignoraban cuando les escribíamos preocupados. Me pregunto cómo se sentirán hoy. Qué debe de pasar por sus cabezas.
Aún existen las teorías especulativas de que este virus es un invento, un cuento chino… (Mucho he mencionado la palabra china en este post…) Mejor hacer oídos sordos.

¿Serán esas las mismas personas que este domingo pasado salieron en manada a la calle con sus hijos? ¿Será que no tienen miedo?

Me encantaría que me dejaras un comentario contándome qué te parecen todos estos variados y remezclados temas sobre los que aquí me he explayado.

Tschüss

135 días

12 de Diciembre del 2019 – Santiago de Chile

Mi vida ha cambiado. Ha cambiado el sol y el aire. El agua. La moneda. Las persianas no existen. La compañía de la luz tampoco es la misma.

El lenguaje es distinto. Demasiado. La manera de llamar a las cosas o de referirse las palabras que se utilizan para decir “mucho”, o “usar” son otras. Aquí se dice “harto”. “Harto choclo”, por ejemplo. Que es mucho maíz, vaya. O “yo ocupo frutilla para hacer hartos jugos”. Vamos, que usa fresas para hacer muchos zumos. La primera vez que escuché la palabra “harto” para referirse a mucho, no lo entendí. Mi subconsciente se lo medio imaginó, pero no llegué a comprenderlo del todo. Fue el chico que nos mostró el piso en el que vivimos ahora, que aquí se le dice departamento. (Claro porque el piso es el suelo). Él dijo que ocupaba su balcón harto. Yo no sabía muy bien qué pensar. Ya que mi raciocinio me conducía a que él estaba harto de usar su balcón. Pero no, justo al revés. Para referirse a estar harto de algo aquí se dice que uno “está chato”, si no me equivoco. Vamos un lío.

La experiencia de mudarme a un país tan lejano de lo que hasta ahora había sido mi vida, está siendo enriquecedora, sorprendente y desconcertante. Pero también dura, muy dura. Me ha hecho hartarme de paciencia y superarme a mi misma en diferentes situaciones. Y las que me quedan.

Los carteles que anuncian en qué calle te encuentras no me resultan familiares. Sin embargo, los nombres escritos en ellos son, sorprendentemente para mis ojos, demasiado a menudo de personas con mi mismo lugar de procedencia. Extremadura…

Los supermercados tampoco me suenan. La manera de llamar a las frutas y verduras, los bizcochos o simplemente el hecho de referirse a dar un paseo, se me antojan difíciles de asimilar. No se si soy yo o nadie me entiende cuando digo de dar un paseo. Pasear se pasea en auto. Salir a caminar dirán ellos, de andar tampoco se habla. Dar un paseo es ir en coche a algún lugar. Vale… Nimiedades, nimiedades.

Ciertas expresiones que hace unos 135 días atrás hubieran supuesto un completo desconcierto, mi cerebro ahora es capaz de descifrar y traducir a lo entendible. Unos días más que otros.

A mi alrededor abunda el verde y la sombra que se desprende, bicicletas, ruido de tráfico… Muchos días también hubo harto cacerolazo, tanto que se convirtió en rutinario. Personas arrastrando carritos de la compra. Vendedores ambulantes de frutillas, duraznos, porotos, paltas y pancitos… Últimamente se ha tornado común la ausencia de semáforos. Caminar por la calle sin prestar atención a tu alrededor nunca ha sido una buena idea, pero actualmente en Santiago según por qué zonas, las bicicletas y los semáforos rotos te obligan a ir con los ojos bien abiertos.

Aquí no se habla de ser un workaholic, ni de soft skills; sino de trabajólico y de habilidades blandas. Y me tengo que reír, porque para mí son palabras y expresiones totalmente nuevas. A menudo escucho también palabras tajantemente erróneas, como “sobrevivencia”. O “completitud”. El sentimiento al escuchar esas palabras que no encajan en mi lógica de la lengua es bien retorcido de explicar. En parte me hacen gracia, en parte me vuelven loca y me desconciertan. Y no se cuál de las dos partes pesa más.

La manera tan diferente de referirse a las cosas me hace sentirme extraña con un lugar que al principio me hacía sentirme conectada a mis orígenes. La zona en la que vivo me recuerda a España. Pero una barbaridad. Me imagino la misma avenida en Badajoz, y la traspaso a mi mente, comparándola y haciéndome sentir que estoy en ella. Pienso en metros cuanto trecho llevo caminado como si fuera la distancia de alguna tienda a las casas de mis abuelos. Sin embargo la manera de hablar, a la que, creo, tanto como ver árboles de navidad con calor en diciembre, no me llegaré a acostumbrar nunca, me hace despertarme de mi sueño.

La conexión que siento con este lugar tan en la otra punta del mundo nunca la sentí en Alemania. Estar tan lejos y sentirse tan cerca. Inexplicable.

Chile está siendo toda una vorágine de experiencia difícil de resumir en una sola frase como para dar una conclusión a este post. Así que sin más, espero seguir vertiendo mis pensamientos en este formato para poder recordar lo que está significando esta aventura en mi vida.