135 días

12 de Diciembre del 2019 – Santiago de Chile

Mi vida ha cambiado. Ha cambiado el sol y el aire. El agua. La moneda. Las persianas no existen. La compañía de la luz tampoco es la misma.

El lenguaje es distinto. Demasiado. La manera de llamar a las cosas o de referirse las palabras que se utilizan para decir “mucho”, o “usar” son otras. Aquí se dice “harto”. “Harto choclo”, por ejemplo. Que es mucho maíz, vaya. O “yo ocupo frutilla para hacer hartos jugos”. Vamos, que usa fresas para hacer muchos zumos. La primera vez que escuché la palabra “harto” para referirse a mucho, no lo entendí. Mi subconsciente se lo medio imaginó, pero no llegué a comprenderlo del todo. Fue el chico que nos mostró el piso en el que vivimos ahora, que aquí se le dice departamento. (Claro porque el piso es el suelo). Él dijo que ocupaba su balcón harto. Yo no sabía muy bien qué pensar. Ya que mi raciocinio me conducía a que él estaba harto de usar su balcón. Pero no, justo al revés. Para referirse a estar harto de algo aquí se dice que uno “está chato”, si no me equivoco. Vamos un lío.

La experiencia de mudarme a un país tan lejano de lo que hasta ahora había sido mi vida, está siendo enriquecedora, sorprendente y desconcertante. Pero también dura, muy dura. Me ha hecho hartarme de paciencia y superarme a mi misma en diferentes situaciones. Y las que me quedan.

Los carteles que anuncian en qué calle te encuentras no me resultan familiares. Sin embargo, los nombres escritos en ellos son, sorprendentemente para mis ojos, demasiado a menudo de personas con mi mismo lugar de procedencia. Extremadura…

Los supermercados tampoco me suenan. La manera de llamar a las frutas y verduras, los bizcochos o simplemente el hecho de referirse a dar un paseo, se me antojan difíciles de asimilar. No se si soy yo o nadie me entiende cuando digo de dar un paseo. Pasear se pasea en auto. Salir a caminar dirán ellos, de andar tampoco se habla. Dar un paseo es ir en coche a algún lugar. Vale… Nimiedades, nimiedades.

Ciertas expresiones que hace unos 135 días atrás hubieran supuesto un completo desconcierto, mi cerebro ahora es capaz de descifrar y traducir a lo entendible. Unos días más que otros.

A mi alrededor abunda el verde y la sombra que se desprende, bicicletas, ruido de tráfico… Muchos días también hubo harto cacerolazo, tanto que se convirtió en rutinario. Personas arrastrando carritos de la compra. Vendedores ambulantes de frutillas, duraznos, porotos, paltas y pancitos… Últimamente se ha tornado común la ausencia de semáforos. Caminar por la calle sin prestar atención a tu alrededor nunca ha sido una buena idea, pero actualmente en Santiago según por qué zonas, las bicicletas y los semáforos rotos te obligan a ir con los ojos bien abiertos.

Aquí no se habla de ser un workaholic, ni de soft skills; sino de trabajólico y de habilidades blandas. Y me tengo que reír, porque para mí son palabras y expresiones totalmente nuevas. A menudo escucho también palabras tajantemente erróneas, como “sobrevivencia”. O “completitud”. El sentimiento al escuchar esas palabras que no encajan en mi lógica de la lengua es bien retorcido de explicar. En parte me hacen gracia, en parte me vuelven loca y me desconciertan. Y no se cuál de las dos partes pesa más.

La manera tan diferente de referirse a las cosas me hace sentirme extraña con un lugar que al principio me hacía sentirme conectada a mis orígenes. La zona en la que vivo me recuerda a España. Pero una barbaridad. Me imagino la misma avenida en Badajoz, y la traspaso a mi mente, comparándola y haciéndome sentir que estoy en ella. Pienso en metros cuanto trecho llevo caminado como si fuera la distancia de alguna tienda a las casas de mis abuelos. Sin embargo la manera de hablar, a la que, creo, tanto como ver árboles de navidad con calor en diciembre, no me llegaré a acostumbrar nunca, me hace despertarme de mi sueño.

La conexión que siento con este lugar tan en la otra punta del mundo nunca la sentí en Alemania. Estar tan lejos y sentirse tan cerca. Inexplicable.

Chile está siendo toda una vorágine de experiencia difícil de resumir en una sola frase como para dar una conclusión a este post. Así que sin más, espero seguir vertiendo mis pensamientos en este formato para poder recordar lo que está significando esta aventura en mi vida.